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sábado, 11 de junio de 2016

LOS AÑOS DE PEREGRINACIÓN DEL CHICO SIN COLOR-Haruki Murakami


TÍTULO: Los años de peregrinación del chico sin color
AUTOR: Haruki Murakami
TÍTULO ORIGINAL色彩を持たない多崎つくると、彼の巡礼の年Shikisai o motanai Tazaki Tsukuru to, kare no junrei no toshi
EDITORIAL: Tusquets Editores
Nº PÁGINAS: 320
















Cuando Tsukuru Tazaki era adolescente, se sentaba durante horas en las estaciones para ver pasar los trenes. Ahora, con treinta y seis años, es un ingeniero que diseña y construye estaciones de ferrocarril y que lleva una vida tranquila, tal vez demasiado solitaria. Cuando conoce a Sara, una mujer por la que se siente atraído, empieza a plantearse cuestiones que creía definitivamente zanjadas. Entre otras, un traumático episodio de su juventud: cuando iba a la universidad, el que fue su grupo de amigos desde la adolescencia cortó bruscamente, sin dar explicaciones, toda relación con él, y la experiencia fue tan dolorosa que Tsukuru incluso acarició la idea del suicidio. Ahora, dieciséis años después, quizá logre averiguar qué sucedió exactamente. Ecos del pasado y del presente, pianistas capaces de predecir la muerte y de ver el color de las personas, manos de seis dedos, sueños perturbadores, muchachas frágiles y muertes que suscitan interrogantes componen el paisaje, pautado por las notas de Los años de peregrinación de Liszt, por el que Tsukuru viajará en busca de sentimientos largo tiempo ocultos. Decididamente, le ha llegado la hora de subirse a un tren.



Cuando comencé Los años de peregrinación del chico sin color no sabía que esperar, había oído que no era de lo mejor de Murakami; desde luego no esperaba encontrar uno de los mejores libros que he leído en bastante tiempo.
Los años de peregrinación del chico sin color nos cuenta la historia de Tsukuru Tazaki, un chico más bien reservado que no destaca especialmente y cuya principal afición es ver pasar los trenes en las estaciones. Lo único que brilla con luz propia en su vida es su grupo de amigos, todos ellos diferentes pero que encajan a la perfección; gracias a ellos, Tsukuru siente que nada podría ir mal. Por este motivo, Tsukuru no puede comprender que un día, sin previo aviso, sus amigos decidan que no quieren volver a verle. La impresión es tan fuerte que, durante meses, Tsukuru vive pensando en la muerte. Años después, Tsukuru es un ingeniero de estaciones de ferrocarril y, aunque ha conseguido alejarse del estado de depresión que lo mantenía al borde de la muerte, todavía no comprende bien qué es lo que pudo pasar años atrás. Cuando conoce a Sara, Tsukuru se verá obligado a volver a su pasado para superar sus problemas actuales.
A partir de una premisa bastante sencilla, como es la de un personaje que trata de resolver los misterios de su pasado, Haruki Murakami construye una novela filosófica y reflexiva que se centra en sus personajes y en lo que piensan y sienten.
El propio Tsukuru me ha sorprendido mucho, no es personaje con un carácter muy marcado, no tiene rasgos particulares que lo hagan destacar sobre los demás y, sin embargo, Murakami sabe sacar lo mejor de él presentándonos a un hombre profundo y reflexivo; sabe hacerlo interesante. A través, sobre todo, de sus pensamientos, vamos conociendo a un personaje que es más complejo de lo que esperábamos en un principio, no se trata de un protagonista sin personalidad más, esperando a que los secundarios le hagan el trabajo sino que destaca a su manera. También su evolución me parece muy notable y bien llevada: aunque no se trata de un cambio radical podemos apreciar como Tsukuru va cambiando, como pasa de ser un adolescente ingenuo que idealiza la vida a un adulto que hace frente a los fantasmas de su pasado.
El resto de personajes tampoco se quedan atrás, desde los diferentes miembros del grupo hasta Sara o Haida. Todos ellos son diferentes y especiales a su manera, en ningún momento tuve la sensación de que fueran el mismo personaje de relleno con diferente nombre, como ocurre en muchos casos. Si tuviera que destacar a alguno, me quedaría con Haida y con Kuro. Dos personajes muy diferentes pero que resultan muy relevantes para la historia, ambos con secretos y un pasado que resultan misteriosos para el lector.
Otro aspecto que me sorprendió de este libro fue, precisamente, el misterio: Tsukuru tiene que escarbar en su pasado y provoca así que muchos secretos acaben viendo la luz; me gustó mucho como Murakami supo dosificar el misterio, revelando datos poco a poco y dando más preguntas a cambio, manteniendo al lector a oscuras en todo momento, dándole giros muy interesantes a la historia.

La relación entre Tsukuru y Sara está muy bien llevada, no resulta romántica en exceso ni tampoco dramática, permite el desarrollo de los acontecimientos y nos ofrece un personaje tan interesante como Sara, una mujer moderna e independiente y, a su vez, tan misteriosa como el resto de personajes de Murakami; nunca llegamos a comprender al personaje en su totalidad.

En muchas ocasiones he leído que Murakami resulta cinematográfico en su narración y después de haber leído una de sus obras puedo afirmar que esa es la sensación que produce, en muchos pasajes del libro tuve la sensación de estar viendo una película. Murakami tiene una prosa peculiar, su estilo es sencillo pero presenta ese claro sello japonés que podemos observar en otros escritores del país y que se refleja, sobre todo, en las metáforas, el vocabulario y la recreación de los escenarios; un estilo en cierto modo poético y que me ha gustado mucho.

El único aspecto de la novela que quizá no me convenció en un principio es el final. Había oído que el autor siente predilección por los finales abiertos, aunque no lo esperaba tanto. Sin embargo, finalmente tengo que admitir que es el mejor final que el autor podía darle a esta historia.

Haruki Murakami ha conseguido sobrepasar mis expectativas con este libro, apuntando maneras para convertirse en unos de mis escritores favoritos. Probablemente no sea un libro para todo el mundo, pero yo desde luego lo recomiendo.



“En ese momento, por fin lo captó. En lo más profundo de sí mismo, Tsukuru Tazaki lo comprendió: los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen, mas bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Ésos son los cimientos de la verdadera armonía.”

"Hasta donde alcanzaba su vista, todo se le antojaba un páramo rocoso. Ni una sola gota de agua, ni la más pequeña brizna de hierba. Había desaparecido todo color, cualquier cosa semejante a la luz. No había sol, luna ni estrellas. Probablemente ni siquiera hubiese norte ni sur, este ni oeste. Cada cierto tiempo, un enigmático crepúsculo reemplazaba a la oscuridad infinita, pero ésta siempre regresaba. Se hallaba en los últimos confines habitables por cualquier ser humano. Al mismo tiempo, de vez en cuando, también había vida. Durante el crepúsculo, pájaros de picos afilados como cuchillos venían y le desgarraban sin piedad la carne. Cuando las tinieblas cubrían la tierra, las aves se marchaban y los huecos que habían dejado en su carne iban llenándose en silencio de otra materia, un sucedáneo de carne que no era en absoluto carne." 









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